Un caparazón que retrasa el reloj de la tortuga mora
La tortuga mediterránea o tortuga mora (Testudo hermanni) es hoy uno de los reptiles emblemáticos del litoral ibérico, pero hasta cuándo se remonta su historia en la península era una incógnita difícil de cerrar. Un nuevo hallazgo en Murcia acaba de aportar una pieza clave: el caparazón de tortuga mediterránea más antiguo conocido en territorio peninsular, con una antigüedad cercana al millón de años.
El fósil procede del yacimiento paleontológico de Quibas, en la Sierra de Quibas, dentro del municipio de Abanilla (Región de Murcia). Se trata de uno de los registros del Pleistoceno inferior más ricos de Europa, con restos de más de ochenta especies distintas de vertebrados, lo que ha llevado a algunos a compararlo, con prudencia, con enclaves de la talla de Atapuerca.
Dónde y de cuándo
Los depósitos de Quibas se sitúan en el tramo final del Pleistoceno inferior, con dataciones que manejan una horquilla en torno al millón de años. Ese marco temporal es el que convierte al ejemplar en el más antiguo conocido de su especie en la península ibérica, según ha resumido el equipo investigador a partir del estudio recogido por elDiario.es.
La especie identificada es Testudo hermanni, la misma tortuga terrestre que todavía habita en zonas mediterráneas. Que un caparazón diagnóstico de esta antigüedad pueda atribuirse con seguridad a la especie actual es precisamente lo que da valor al hallazgo: documenta su presencia ininterrumpida en el sur peninsular desde hace cerca de un millón de años.
Quién firma la investigación
Los trabajos en Quibas están dirigidos por la Universitat de València, con Pedro Piñero —investigador del programa Ramón y Cajal— al frente de las campañas, y la codirección de Jordi Agustí, vinculado a la paleontología catalana (IPHES). El equipo excava de forma sistemática en la zona desde hace más de una década, y el registro de tortugas del yacimiento es abundante, lo que ha permitido contar con restos suficientemente completos para una atribución fiable. La revista científica concreta en la que se publica el estudio y la datación exacta del ejemplar quedan pendientes de confirmación.
Por qué importa
Más allá del récord de antigüedad, el hallazgo ayuda a reconstruir cuándo y cómo se asentaron las poblaciones de tortuga mediterránea en la península. Fijar un punto de presencia tan antiguo y bien datado permite afinar las hipótesis sobre su llegada y dispersión, y sirve de referencia para interpretar registros más recientes hallados en otros yacimientos del este y sur peninsular.
Como recuerda la Universidad Autónoma de Madrid, la cuestión del origen de estas tortugas en Iberia —si llegaron de forma natural o con ayuda humana en épocas más tardías— ha sido objeto de debate. Un ejemplar del Pleistoceno inferior refuerza la idea de una presencia muy antigua, anterior a cualquier intervención humana, y convierte a Quibas en una pieza obligada para entender la biogeografía de la fauna mediterránea.
Una cápsula del tiempo murciana
El caparazón de tortuga se suma a la larga lista de fósiles que han hecho de Quibas una auténtica cápsula del tiempo del Pleistoceno inferior. Cada nueva campaña, recuerdan sus responsables, sigue ampliando un catálogo faunístico que dibuja con creciente detalle cómo era el sureste de la península ibérica hace un millón de años.



