Un terremoto de magnitud 3,3 se registró en la madrugada de este lunes frente a la costa de la provincia de A Coruña, en el entorno de la Costa da Morte. Según los datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), el organismo de referencia para la vigilancia sísmica en España, el movimiento tuvo su epicentro al sureste de Carballo, una localización muy próxima a Laxe, y se produjo a poca profundidad.
El IGN situó el foco del seísmo a unos cinco kilómetros bajo la superficie, una profundidad reducida que suele favorecer que un temblor de magnitud moderada se perciba en superficie pese a no revestir gravedad. De momento no se han comunicado daños personales ni materiales asociados al episodio.
Una zona acostumbrada a temblar
El punto donde se ha registrado el seísmo no es ajeno a la actividad sísmica. La franja de la Costa da Morte, con Laxe como referencia recurrente, ha protagonizado en los últimos años varios temblores de magnitud similar. En diciembre de 2021, por ejemplo, un terremoto de magnitud 3,5 con epicentro al sureste de Laxe se dejó notar en numerosos municipios de la zona, también sin causar daños.
Galicia se encuentra, en términos generales, en una región de actividad sísmica baja a moderada dentro del mapa peninsular, lejos de las áreas de mayor riesgo del sur y el sureste de España. Aun así, la comunidad no está exenta de movimientos: el noroeste gallego y su plataforma marina concentran buena parte de los seísmos que se sienten en el territorio, habitualmente de intensidad reducida.
El IGN pide la colaboración ciudadana
Como es habitual tras este tipo de episodios, el Instituto Geográfico Nacional habilita un cuestionario para que las personas que hayan percibido el temblor describan cómo y dónde lo notaron. Esa información permite a los técnicos afinar el cálculo de la intensidad real con la que un seísmo se ha sentido en cada localidad, un dato que no siempre coincide de forma directa con la magnitud registrada por los sismógrafos.
En temblores de magnitud en torno a 3, lo más frecuente es que el movimiento se perciba como una sacudida breve o una vibración, especialmente en las plantas altas de los edificios y en las localidades más próximas al epicentro, sin que ello implique riesgo para la población. La información se completa y revisa en las horas posteriores al evento, por lo que algunos parámetros pueden ajustarse.



