España llegó al Mundial 2026 con la etiqueta de favorita y una duda enorme bajo el brazo: la condición física de su mayor talento. Lamine Yamal, de apenas 18 años, arrastraba una lesión muscular que lo dejó en el banquillo en el estreno y obligó a dosificarlo. Dos partidos después, la conversación ha cambiado por completo. Con él sobre el césped, La Roja vuelve a parecerse a la selección que muchos pronosticaban como aspirante al título.
De la duda al estallido
El arranque no invitó al optimismo. España firmó un decepcionante empate sin goles ante Cabo Verde, un debut romo en el que Lamine apenas disputó el tramo final mientras completaba su recuperación. La sensación era de bloqueo: mucha posesión, poca profundidad y ninguna chispa.
El segundo encuentro lo cambió todo. Con Lamine de titular, España goleó 4-0 a Arabia Saudí y se colocó líder de su grupo. El extremo abrió el marcador en los primeros minutos, culminando una jugada coral tras un pase raso de Mikel Oyarzabal. La diferencia entre una España con Lamine y otra sin él se midió en un solo partido.
Un gol con peso histórico
El tanto no fue uno cualquiera. Según ESPN, Lamine marcó en su primera titularidad mundialista con 18 años, una edad muy próxima a la que tenía Leo Messi cuando anotó su primer gol en una Copa del Mundo. La estadística lo encuadra, además, entre los goleadores más jóvenes de la historia del torneo, una lista que encabeza Pelé.
Su seleccionador, Luis de la Fuente, lo definió como "un genio" y reconoció que a veces toca "frenarlo" por las ganas que tiene de hacerlo todo.
La España de Oyarzabal y el equilibrio
Reducir el despegue a Lamine sería injusto. El gran protagonista de la goleada fue Oyarzabal, autor de un doblete y una asistencia en la primera media hora. Lamine aporta el desborde y el desequilibrio; el delantero de la Real Sociedad, la pegada. Esa combinación es la que devuelve a España la sensación de tener un plan ofensivo y no solo un dominio estéril del balón.
De la Fuente, fiel a su prudencia, había bajado las expectativas tras el primer tropiezo: "No hay ningún drama, pero ahora hay que ganar". Mensaje recogido de cara al cierre de grupo.
Lo que viene
España aún no está en eliminatorias. El equipo afronta el cierre de la fase de grupos ante Uruguay, un rival de jerarquía que medirá de verdad si la mejoría es estructural o un espejismo de una sola tarde. Lo que ya nadie discute es que, con Lamine recuperado y enchufado, esta selección vuelve a tener el rostro de una candidata. El Mundial empieza a tomarse en serio a una España que, por fin, parece tomarse en serio a sí misma.


