Dos velocidades
Gipuzkoa seguirá creciendo en su conjunto durante los próximos años, pero ese crecimiento esconde una brecha: se concentra en las ciudades y deja atrás a buena parte de los pueblos pequeños. Es la lectura que se desprende de las proyecciones de población del instituto vasco de estadística (Eustat), recogidas por El Diario Vasco. Mientras Donostia/San Sebastián, Irún y los municipios de su entorno suman habitantes, los núcleos rurales y de menor tamaño tienden a perderlos.
Por qué pasa
Las razones son conocidas y se repiten en casi toda España. Las ciudades concentran el empleo, los servicios y las oportunidades, y atraen tanto a los jóvenes del propio territorio como a quienes llegan de fuera. Los pueblos pequeños, en cambio, sufren la falta de trabajo, la dificultad de acceso a la vivienda y, sobre todo, un envejecimiento acelerado: cada vez más vecinos mayores y menos nacimientos, una combinación que reduce la población año tras año.
El peso del envejecimiento
El gran desafío no es solo cuánta gente vive en cada municipio, sino su edad. La pirámide se invierte: crece el porcentaje de personas mayores y mengua el de jóvenes. Esa dinámica genera una espiral difícil de frenar —menos niños hoy significan menos vecinos mañana— y multiplica la presión sobre los servicios sanitarios y de atención a los mayores en los pueblos con menos recursos.
El espejo de la España vaciada
Lo que ocurre en Gipuzkoa no es una excepción, sino una versión local de un fenómeno nacional: la despoblación del medio rural frente al tirón de las grandes ciudades. La pregunta de fondo —cómo mantener vivos y con servicios a los pueblos pequeños sin renunciar al desarrollo urbano— sigue sin una respuesta sencilla. Las proyecciones, en todo caso, no son una sentencia inevitable: son un aviso de hacia dónde se encamina el territorio si no cambian las tendencias.



