Qué pasó
A finales de mayo, el cohete New Glenn de Blue Origin sufrió una explosión durante una prueba en la plataforma de Cabo Cañaveral (Florida). El incidente, ocurrido en una prueba de encendido de motores, no dejó heridos, pero sí causó daños importantes en la infraestructura de lanzamiento, según CNBC. El golpe llega en mal momento para una compañía que intenta consolidar su cohete pesado.
Rediseñar en vez de reconstruir
La novedad es la estrategia elegida. En lugar de reconstruir la plataforma tal como estaba, Blue Origin ha decidido rediseñarla, aprovechando una configuración más moderna que ya tenía en desarrollo para versiones más potentes del New Glenn. La idea es ganar tiempo reutilizando sistemas existentes en lugar de levantar de cero lo destruido, como detalla Space.com.
Un calendario muy ajustado
Su consejero delegado, Dave Limp, ha asegurado que la empresa volverá a volar antes de que termine 2026. Es un objetivo ambicioso —apenas medio año después de la explosión— y no todos lo ven realista: algunas voces del sector apuntan a que la recuperación de la plataforma podría llevar mucho más tiempo. Mientras tanto, Blue Origin dice que seguirá fabricando cohetes para no parar la cadena.
La sombra de SpaceX
Todo esto ocurre en plena carrera por el negocio espacial. SpaceX, con su flota de cohetes ya consolidada, domina el mercado de lanzamientos comerciales y para gobiernos. Blue Origin necesita que el New Glenn funcione para plantarle cara, y cada retraso ensancha la ventaja de su rival. De ahí las prisas: el rediseño de la plataforma es, también, una forma de no quedarse atrás en una pugna que se juega a años vista.



