El Partido Popular vive semanas de recalibración estratégica. La relación con Vox, que durante meses Alberto Núñez Feijóo mantuvo en una calculada ambigüedad, ha entrado en una fase distinta tras las elecciones andaluzas del 17 de mayo y, sobre todo, tras las palabras del líder popular en una entrevista televisiva el pasado 17 de junio. Allí Feijóo admitió de forma más explícita que nunca que aceptaría una coalición con la formación de Santiago Abascal si el resultado de las próximas generales lo hiciera necesario. El giro tiene consecuencias internas, y la más visible se llama Andalucía.
Andalucía, sin mayoría absoluta
Los comicios andaluces dejaron a Juanma Moreno como vencedor claro pero sin la holgura de la legislatura anterior. El PP perdió cinco escaños y se quedó en 53, dos por debajo de los 55 que marcan la mayoría absoluta, según el balance recogido por The Objective. El PSOE se mantuvo como segunda fuerza con 28 diputados, mientras Vox sumó un escaño más, hasta los 15. La izquierda a la izquierda del PSOE completó el reparto, con Adelante Andalucía superando a Por Andalucía.
El resultado obliga a Moreno a entenderse con Vox para alcanzar la investidura. El presidente en funciones ha defendido la fórmula de un acuerdo programático que le permita reeditar un Gobierno en solitario, evitando una coalición con consejerías para Vox, aunque sin descartarla del todo si resulta imprescindible para garantizar la estabilidad y los presupuestos, como recoge Mundiario. Los plazos legales situarían la sesión de investidura entre finales de junio y los primeros días de julio.
La paradoja andaluza
La paradoja para Moreno es evidente. Su preferencia ha sido siempre mantener a Vox fuera del Ejecutivo andaluz, un modelo que contrastaba con las coaliciones de otras comunidades. Pero el viraje de Feijóo en el plano nacional debilita ese empeño: si la dirección del PP normaliza el pacto con Abascal de cara a 2027, resulta más difícil que el presidente andaluz justifique una excepción andaluza. La negociación gira, además, en torno a un concepto que Vox ha situado como condición de difícil renuncia, la llamada "prioridad nacional", que el partido reclama incorporar al acuerdo.
La 'desdemonización' de Génova
El cambio de discurso no es improvisado. Fuentes populares hablan de un proceso de "desdemonización" de las alianzas con Vox dirigido al propio electorado del PP, según El Independiente, que recoge además la reacción de Vox: el partido celebra que Feijóo abandone sus reservas pero advierte contra los triunfalismos y recuerda que "Sánchez aún no ha perdido". En la formación de Abascal subrayan que "no somos algo transitorio". Vozpópuli interpreta el movimiento como la asunción por parte de Feijóo de que solo un acuerdo con Abascal le abriría la puerta de Moncloa.
Dos tableros a la vez
El resultado es un PP que opera en dos frentes simultáneos. Mientras recalibra su relación con Vox, mantiene abierta una vía menos visible con Junts en el Congreso, donde Feijóo ha tanteado fórmulas para forzar elecciones anticipadas sin que, por ahora, la operación haya cuajado. Y en medio de todo, Andalucía se perfila como el primer laboratorio donde se medirá hasta dónde llega realmente el nuevo encaje entre los populares y la formación de Abascal.



