Un Govern en minoría que aguanta cada votación
Salvador Illa gobierna Cataluña sin mayoría propia. El PSC ganó las elecciones de 2024, pero su Ejecutivo depende de acuerdos puntuales con Esquerra Republicana (ERC) y los Comuns para sacar adelante cada iniciativa relevante. Esa aritmética convierte cada gran votación en un examen, y el más exigente de la legislatura era el presupuestario.
Durante la primavera de 2026, el president logró encauzar las cuentas. Illa y el líder de ERC, Oriol Junqueras, cerraron en mayo un pacto presupuestario que incluye un refuerzo de la Agència Tributària de Catalunya, y poco después el Govern selló también un acuerdo con los Comuns. El proyecto, de carácter expansivo, superó el debate de totalidad en el Parlament con el apoyo de ambos socios, con la mirada puesta en una aprobación definitiva antes de finales de julio.
El frente más caliente: la huelga docente
El conflicto que más desgastaba al Ejecutivo era el educativo. Los sindicatos convocaron paros en mayo y junio reclamando una subida salarial que compensara la inflación acumulada y una reducción de ratios. La negociación se complicó: pese a un preacuerdo cerrado a finales de mayo, una mayoría del profesorado lo rechazó en consulta y se inició una huelga indefinida a comienzos de junio, coincidiendo con las pruebas de acceso a la universidad.
Aquí entra el factor estival. Una huelga docente pierde casi toda su capacidad de presión cuando las aulas se vacían: sin clases, no hay paro visible ni interrupción del servicio que movilice a las familias. El fin de curso retira de la primera línea el conflicto que más erosionaba la imagen del Govern y desplaza cualquier nueva negociación al inicio del próximo curso, en septiembre. De ahí la idea de los «dos meses de oxígeno»: el calendario escolar, más que un acuerdo político, es lo que apaga temporalmente el incendio.
Por qué el parón estival alivia la agenda
El verano relaja la presión por varias vías que se solapan. La actividad parlamentaria se reduce drásticamente tras el periodo de plenos. La conflictividad sindical educativa queda en suspenso por el calendario lectivo. Y el ciclo informativo se ralentiza, lo que diluye el desgaste diario. Con los presupuestos prácticamente cerrados antes de las vacaciones, Illa evita llegar al ecuador de la legislatura sin cuentas y sin margen.
Lo que el verano solo aplaza
El respiro es real, pero limitado. El propio president ha situado la financiación singular y la aplicación efectiva de la amnistía como los grandes retos de la segunda mitad de su mandato. La financiación singular es la línea roja que ERC fijó en la investidura y depende además de mayorías en el Congreso, fuera del control directo del Govern. La amnistía sigue en manos de la justicia. Y la relación con sus socios catalanes —ERC como sostén y Junts en la oposición— condiciona tanto la estabilidad en Cataluña como el apoyo a Pedro Sánchez en Madrid. El conflicto docente, además, podría reactivarse en septiembre si no se cierra un acuerdo definitivo.
En suma, el verano de 2026 le concede a Illa una tregua de calendario más que una victoria estructural: dos meses para respirar antes de que los frentes aplazados vuelvan a la mesa.



