Durante décadas, el balón de fútbol fue lo más analógico del deporte: cuero, costuras y poco más. En el Mundial 2026 que organizan Estados Unidos, México y Canadá, esa pelota se ha convertido en uno de los dispositivos más vigilados del campo. Se llama Adidas Trionda, la fabrica Adidas y, por dentro, lleva un chip que no para de hablar con la sala VAR.

Un sensor que mira 500 veces por segundo

El corazón tecnológico del balón es una unidad de medición inercial (IMU), un sensor de movimiento que registra datos 500 veces por segundo. Para hacernos una idea: cada vez que un futbolista golpea el balón, el chip ya ha tomado cientos de instantáneas de su aceleración y trayectoria. Esa precisión permite saber, casi al instante, el momento exacto en que un jugador toca la pelota, según detalla ESPN.

La novedad respecto a modelos anteriores no es solo el sensor, sino dónde está. En lugar de colgarlo en el centro de la cámara interior, Adidas lo ha integrado en una capa especial dentro de uno de los paneles, según recoge la Wikipedia. La marca asegura haber realizado cientos de pruebas para comprobar que el chip no altera el peso, el equilibrio ni el vuelo del balón. La tecnología se ha desarrollado junto a la FIFA y la empresa muniquesa Kinexon.

Cómo ayuda al fuera de juego semiautomático

Aquí está la parte interesante para el aficionado. El fuera de juego semiautomático no es nuevo —debutó en Catar 2022—, pero antes se apoyaba sobre todo en cámaras que rastreaban la posición de los jugadores. El problema clásico: determinar el instante preciso del pase. Si la cámara no ve con claridad el contacto, el sistema duda.

El balón conectado resuelve justo eso. Al enviar el momento exacto del toque al sistema de videoarbitraje, y combinarlo con los datos de posición de los futbolistas y un poco de inteligencia artificial, los árbitros reciben una recomendación más rápida y fiable. ESPN relata un caso concreto: los datos del balón conectado confirmaron un toque que permitió validar un gol que en un principio se había anulado. El balón del Mundial anterior, sencillamente, no podía hacer eso.

Una pelota que también necesita cargarse

Que el balón sea inteligente tiene consecuencias logísticas curiosas. La pelota lleva batería: según ESPN, aguanta varias horas por carga y se recarga mediante estaciones inalámbricas. Para que ninguna parte del partido se quede sin datos, en cada encuentro se rota una docena larga de balones, que entran en modo de reposo cuando están en la banda.

Diseño: cuatro paneles y un guiño a tres países

Más allá de la electrónica, el Trionda presume de una estructura insólitamente simple: está formado por solo cuatro paneles termosellados, el número más bajo de la historia en un Mundial. Su nombre combina el prefijo tri- (los tres países anfitriones) con onda, y su diseño incorpora guiños a Canadá, México y Estados Unidos.

Entre tanto debate sobre si la tecnología quita emoción al fútbol, el Trionda propone lo contrario: que la pelota deje de ser un testigo mudo y se convierta en una fuente fiable para saber qué pasó de verdad sobre el césped.