Mientras los grandes incendios acaparan los telediarios, la batalla más barata y silenciosa se libra mucho antes de que salte la primera chispa. Y una de sus protagonistas tiene cuatro patas y orejas largas. Cada vez más zonas de España recurren al pastoreo para prevenir el fuego, como recoge Xataka.
La paradoja del monte español
El punto de partida es una contradicción incómoda: España tiene cada vez más superficie forestal y, a la vez, menos recursos y menos población rural para mantenerla. El abandono del campo ha vaciado comarcas enteras, y el monte que nadie desbroza acumula matorral y hierba seca. Esa maleza es, en la práctica, combustible esperando una llama.
Por qué los burros hacen un trabajo que otros no pueden
Entre el ganado que se emplea para limpiar el monte, el burro destaca. Pesa más que una cabra o una oveja, así que aplasta y apelmaza la hierba seca además de comérsela, y avanza de forma constante con un apetito casi insaciable. "El trabajo que hacen los burros, ni las cabras ni las ovejas pueden hacerlo", resume uno de los impulsores de estas iniciativas. El resultado es un paisaje menos inflamable y, de propina, cortafuegos naturales trazados por los propios animales.
Iniciativas que ya funcionan
No es una teoría: hay proyectos rodando. En Tivissa (Tarragona), la iniciativa Tivissa Donkey Firefighters, impulsada por Joan Cedó Sans, empezó en 2020 con un puñado de asnos, sumaba 28 en 2022 y ronda ya la sesentena de ejemplares. En Andalucía, El Burrito Feliz trabaja desde 2014 en el entorno del Parque Nacional de Doñana. Y Barcelona ensayó en 2022 un experimento con más de 200 ovejas, cabras y corderos en Collserola. También hay experiencias en Galicia y el País Vasco.
Prevenir cuesta menos que apagar
La prevención rara vez da titulares, pero la lógica es difícil de rebatir: es mucho más barato y más fácil evitar que un fuego prospere que intentar dominarlo una vez desatado. Cada hectárea desbrozada es una hectárea donde las llamas correrán menos. El pastoreo, además, revitaliza economías rurales frágiles y mantiene vivos paisajes que, si no, se abandonarían.
No se trata de sustituir a los medios de extinción, sino de reforzarlos desde la raíz. Con veranos cada vez más largos y calurosos, esa vieja estampa de un rebaño pastando en la ladera puede acabar siendo una de las mejores inversiones contra el fuego.



