Un calendario caprichoso

Hay fechas que el fútbol parece reservarse para los suyos. El 22 de junio es una de ellas. Ese día, con cuarenta años de distancia exacta, dos camisetas número diez argentinas escribieron páginas imborrables en la historia de los Mundiales. La coincidencia es tan precisa que cuesta atribuirla solo al azar: el mismo día, el mismo mes, el mismo país de origen y, en cierto modo, el mismo destino.

El punto de partida está en 1986. El final, en el Mundial de 2026 que comparten México, Estados Unidos y Canadá. Entre medias, una herencia que pasó de Diego Armando Maradona a Lionel Messi como quien entrega una bandera.

1986: la 'Mano de Dios' y el 'Gol del Siglo'

El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de Ciudad de México, Argentina se midió a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial. En apenas cuatro minutos, Maradona condensó las dos caras del fútbol. Primero, la trampa: aquel golpe con la mano izquierda que él mismo bautizó como la «Mano de Dios» y que el árbitro no vio. Después, la gloria: una carrera desde el centro del campo dejando atrás a media defensa inglesa para definir el tanto que la FIFA reconocería como el «Gol del Siglo».

Aquella tarde quedó grabada como uno de los grandes relatos del deporte: pecado y milagro en la misma jugada, en el mismo partido, en el mismo hombre. Argentina ganó 2-1 y encaminó el título que levantaría días después.

2026: Messi supera a Klose

Cuarenta años más tarde, el 22 de junio de 2026, otro diez argentino volvió a apropiarse de la fecha. En la fase de grupos del Mundial, ante Austria, Messi falló un penalti en los primeros minutos pero se rehízo: marcó en el minuto 38 y repitió en el tramo final para sellar un 2-0 que dejó a Argentina con paso firme.

No fueron dos goles cualesquiera. El primero de ellos, su decimoséptimo tanto mundialista, y el segundo, el decimoctavo, le convirtieron en el máximo goleador de la historia de las fases finales de los Mundiales, superando los 16 del alemán Miroslav Klose, que ostentaba el récord desde 2014. Detrás quedan el brasileño Ronaldo Nazário (15) y, entre los futbolistas en activo, Kylian Mbappé como única amenaza real.

Dos dieces, una misma sombra

La simetría es difícil de ignorar. Maradona convirtió el 22 de junio en leyenda con la astucia y el genio; Messi lo eligió, consciente o no, para coronar una carrera de constancia y cifras. El homenaje no fue explícito, pero el calendario lo dictó por su cuenta: el heredero alcanzó su techo mundialista justo el día en que su antecesor había tocado el cielo.

Argentina, que durante años buscó en Messi al sucesor de Maradona, encontró en esta efeméride una metáfora perfecta. No hay manera de igualar una jugada como la del Azteca, ni falta que hace. Pero el 22 de junio quedará, a partir de ahora, como la fecha en que dos generaciones de la misma idolatría se dieron la mano a través del tiempo.