Hay maneras de presentar una función estrella y hay maneras de pegarse un tiro en el pie. Sony eligió la segunda. Su nuevo móvil de gama alta, el Xperia 1 VIII, presentado en mayo de 2026, llegó acompañado de un flamante asistente de cámara con inteligencia artificial. Y, en cuestión de días, ese asistente se convirtió en uno de los grandes hazmerreír tecnológicos del año.

Qué pretende hacer el asistente

La idea, sobre el papel, no es descabellada. El llamado AI Camera Assistant, integrado en lo que Sony bautiza como «Xperia Intelligence», analiza la escena y el sujeto y propone hasta cuatro ajustes en distintas direcciones creativas. No edita la foto por su cuenta después de dispararla, insiste la marca: solo sugiere «miradas» o estilos que el usuario puede aceptar o ignorar. En teoría, una ayuda para quien no domina la exposición o el contraste.

El problema apareció en cuanto Sony enseñó ejemplos reales. En las imágenes promocionales del propio fabricante, cada sugerencia de la IA se veía notablemente peor que la foto original: tomas sobreexpuestas, lavadas, con las sombras aplastadas, el contraste plano y el color drenado. La herramienta parecía empeñada en sobrecargar el brillo y un afilado artificial que destruía el detalle y la composición.

El internet se ceba

La reacción fue inmediata y brutal. Medios y usuarios calificaron los resultados de «increíblemente malos» y se preguntaron en serio si alguien dentro de Sony había aprobado ese material de marketing. La cosa escaló hasta unir en la burla a figuras del mundillo como Marques Brownlee (MKBHD) y Carl Pei, fundador de Nothing, que insinuó que aquello tenía que ser «granjeo de interacción» porque no se explicaba de otra forma. El móvil acabó protagonizando una oleada de memes con comparaciones «antes y después».

Lo doloroso es que Sony es, precisamente, una de las grandes referencias mundiales en imagen. Su división Alpha es sinónimo de ciencia del color fiel, y la propia línea Xperia siempre ha atraído a un público que busca lo contrario de lo que ofrece esta IA: menos procesado computacional, no más.

Una IA metida con calzador

Conviene ser justos: la función es opcional y se puede desactivar, y Sony matizó después que solo propone estilos, sin tocar la foto automáticamente. Incluso difundió ejemplos nuevos algo más presentables. Pero el daño ya estaba hecho, y el episodio ilustra una moda más amplia: la obsesión del sector por incrustar «IA» en cada rincón del móvil, aunque no aporte nada o, peor, reste.

El contexto agrava el bochorno. La cuota de mercado global de Sony en móviles está por debajo del 1%, tras caer desde cerca del 11% en 2014. La compañía lleva años reduciendo su presencia en Europa. Para un fabricante que cobra cifras premium —el Xperia 1 VIII parte de unos 1.499 euros— y que sobrevive gracias a un nicho de entusiastas de la fotografía, convertir su gran novedad de cámara en un chiste viral es justo lo que no necesitaba.