Dos cabritos que marcan un hito
Se llaman Riato y Sedello y, de acuerdo con la información publicada por El País, son las primeras cabras salvajes que llegan al mundo gracias a la fecundación in vitro (FIV). Hasta ahora, esta técnica era cotidiana en humanos y en ganadería —vacas, cabras y ovejas domésticas—, pero no se había traducido en crías vivas de una especie de cabra salvaje. Que dos cabritos hayan nacido sanos por este camino convierte el experimento en algo más que una curiosidad de laboratorio: es la prueba de que la herramienta funciona también en fauna silvestre.
La especie protagonista es la cabra montés ibérica (Capra pyrenaica), el caprino salvaje emblemático de las montañas españolas.
Qué es la fecundación in vitro aplicada a la fauna
En la FIV, el óvulo y el espermatozoide se unen fuera del cuerpo del animal, en una placa de laboratorio. El embrión resultante se cultiva durante unos días y después se transfiere al útero de una hembra que actúa como gestante. En conservación, esto permite combinar material genético de ejemplares que nunca podrían cruzarse de forma natural —porque viven lejos, ya han muerto o pertenecen a poblaciones diminutas— y, sobre todo, aprovechar semen y óvulos congelados durante años.
En el caso de la cabra montés, los equipos españoles llevan tiempo trabajando en una variante llamada fecundación in vitro heteróloga: usan espermatozoides de cabra montés y óvulos de cabra doméstica para comprobar la capacidad fecundante del semen salvaje. Estudios recientes habían logrado tasas de embriones superiores al 50% en el tubo de ensayo, un umbral que anticipaba que tarde o temprano se alcanzarían nacimientos reales. Riato y Sedello serían ese salto del laboratorio a la vida.
Por qué importa para salvar especies
La clave está en los bancos de germoplasma, auténticas «arcas de Noé» congeladas donde se guarda semen, óvulos y embriones de animales amenazados. Sin una técnica capaz de convertir ese material en crías, esos bancos son poco más que un archivo. La FIV es precisamente la llave que abre esa puerta.
Para una especie en peligro, las ventajas son enormes: se puede aumentar la diversidad genética de una población empobrecida, «resucitar» los genes de ejemplares muertos cuyo semen quedó conservado y reforzar poblaciones sin tener que capturar y trasladar animales vivos, una operación siempre estresante y arriesgada. El CSIC ya ofrece servicios de fecundación in vitro que incluyen la maduración de óvulos, la fecundación con semen criopreservado y el cultivo de embriones.
La sombra del bucardo
El horizonte más ambicioso tiene nombre propio: el bucardo (Capra pyrenaica pyrenaica), una subespecie de cabra montés de los Pirineos que se extinguió en el año 2000. Su última representante, una hembra llamada Celia, apareció muerta el 6 de enero de aquel año en el Parque Nacional de Ordesa, aplastada por un árbol.
Antes de morir, se conservaron células de Celia. En 2003, un equipo logró clonar al bucardo: una cría nació por cesárea el 30 de julio, lo que la convirtió en el primer animal de un taxón extinto en «volver a nacer». Pero el éxito duró apenas unos minutos: el clon murió por una malformación pulmonar. Aquella experiencia demostró las enormes dificultades de la desextinción.
Dominar la fecundación in vitro en la cabra montés actual es un paso lógico hacia ese objetivo. Si se perfecciona la técnica en la especie viva más cercana, el conocimiento podría algún día aplicarse para reintroducir genes del bucardo o de otras subespecies desaparecidas. Conviene ser prudentes: nacer in vitro no equivale a desextinguir nada, y entre el laboratorio y una población silvestre estable hay un largo camino. Pero Riato y Sedello demuestran que ese camino, hoy, es algo más transitable.
Una herramienta, no un milagro
Los expertos insisten en un matiz importante: la biotecnología reproductiva es un complemento, nunca un sustituto, de la conservación clásica. Proteger los hábitats, frenar las enfermedades y evitar la caza furtiva siguen siendo la primera línea de defensa. La FIV entra en juego cuando una población es ya tan pequeña o tan poco diversa que la naturaleza, por sí sola, no basta. En ese escenario, dos cabritos con nombre propio pueden valer por toda una especie.



