El rock and roll toma Gijón
Pocos nombres del rock español provocan la comunión que Loquillo logra sobre un escenario. El cantante catalán, José María Sanz, actuó en el festival Metrópoli de Gijón, una de las citas veraniegas más populares de Asturias, y volvió a confirmar por qué su directo sigue llenando recintos décadas después de sus primeros éxitos. Con su inconfundible voz grave y su estampa de rockero clásico, reunió a un público de varias generaciones.
Cuatro décadas de carretera
La trayectoria de Loquillo es la de un superviviente del rock patrio. Su carrera despegó a comienzos de los ochenta al frente de Loquillo y Los Trogloditas, con el que publicó el mítico «El ritmo del garaje» (1983), según recoge su ficha biográfica. De aquella etapa quedan himnos que el público corea de memoria —de Cadillac solitario a Feo, fuerte y formal—, banda sonora de más de una generación.
Con el tiempo, el artista amplió su universo más allá del rock, con incursiones en la poesía musicada y proyectos en solitario, sin renunciar nunca a su identidad de rockero. Su vigencia, lejos de apagarse, se ha mantenido gira tras gira.
Metrópoli, el verano cultural gijonés
El escenario elegido no fue casual. El festival Metrópoli convierte cada verano el Recinto Ferial Luis Adaro de Gijón en un punto de encuentro multidisciplinar: además de conciertos, la cita combina propuestas de cultura digital, cómic, gastronomía y actividades para todos los públicos, como detalla la información del propio festival. En ese ambiente diverso, el rock de Loquillo aportó una de las noches más entregadas.
Un clásico que no falla
La actuación funcionó como lo que es: la visita de un clásico que conoce el oficio. Entre quienes crecieron con sus canciones y quienes las descubren ahora, Loquillo firmó una noche de rock sin artificios en la que, una vez más, quedó claro que su repertorio resiste el paso del tiempo. Gijón despidió al rockero con la sensación de haber vivido una de esas citas que justifican, por sí solas, un festival de verano.



