Un arma romana en miniatura

Los ingenieros romanos llamaban ballista a una máquina de asedio que almacenaba energía en cuerdas tensadas para lanzar piedras y dardos. Veinte siglos después, una araña diminuta de la selva australiana ha resultado ser una experta en el mismo principio. Los investigadores la han apodado precisamente araña ballista, y su forma de cazar es uno de los hallazgos más curiosos del año en el mundo de los aracnídos.

La especie, todavía sin nombre científico formal, pertenece al género Propostira y fue avistada por primera vez por el profesor Greg Anderson. A partir de ahí, un equipo de la Universidad Macquarie (Australia) y la Universidad de Greifswald (Alemania) se adentró en la selva cercana a Cooktown, en el extremo norte de Queensland, para desentrañar el misterio.

Diez días y diez noches de acecho

Los investigadores pasaron unos diez días y noches en la selva localizando a estas arañas nocturnas y filmando su comportamiento con cámaras de alta velocidad e infrarrojos. Lo que registraron parece sacado de un manual de ingeniería.

De noche, la araña desciende más de medio metro desde la hoja donde se refugia de día hasta el suelo del bosque. Allí dedica hasta cuatro horas a agrupar entre 15 y 60 hilos de seda tensados, formando una estructura cónica que después recubre con seda más fina. Terminado el resorte, vuelve a trepar y espera. La trampa queda cargada, como un muelle a punto de saltar.

La presa que dispara su propia trampa

Aquí está el giro genial. La trampa no la activa la araña, sino la víctima. Cuando una hormiga tejedora verde (Oecophylla smaragdina) —territorial y muy agresiva— muerde el cono para liberarse, secciona el anclaje y libera de golpe toda la energía elástica acumulada en la seda. La hormiga sale catapultada hacia arriba más de 30 centímetros, con una aceleración descomunal, directa a la tela donde aguarda la araña.

Los científicos calculan que el haz de seda almacena y suelta la energía con una densidad de potencia mayor que la de cualquier otra catapulta biológica conocida basada en seda. Los investigadores sospechan, además, que la araña impregna el cono con alguna feromona para atraer y provocar a las obreras, aunque ese detalle aún debe confirmarse.

Por qué importa

Es probablemente el único caso conocido de una tela de araña diseñada para capturar una sola especie de presa y, encima, accionada por la propia presa en lugar de por el depredador. En palabras del equipo, representa «la especialización definitiva».

El trabajo, publicado en la revista Current Biology, interesa más allá de la curiosidad natural: entender cómo un animal almacena y libera energía elástica con tanta eficiencia podría inspirar nuevos materiales y mecanismos en biomimética. A veces, la mejor ingeniería se esconde a ras de suelo, en la selva, esperando a que alguien la mire con paciencia.