Hay casas que son museos sin proponérselo. La de Fernando Arrabal, en París, es una de ellas: libros hasta el techo, objetos imposibles, partidas de ajedrez a medias y, entre todo ello, obras firmadas por algunos de los nombres más grandes del arte del siglo XX. No piezas compradas en una subasta, sino regalos de amistad de Salvador Dalí, Pablo Picasso, Joan Miró o Fernando Botero. Y la pregunta de qué será de ese tesoro cuando el dramaturgo no esté tiene una respuesta que escuece en España.

El último de una estirpe irrepetible

Cuesta entender a Arrabal sin medir su lugar en la cultura del último siglo. Nacido en Melilla en 1932 y afincado en París desde 1955, es dramaturgo, novelista, poeta, cineasta y ajedrecista, autor de decenas de obras de teatro —de Pic-Nic a El cementerio de automóviles— y considerado uno de los autores españoles más representados en el mundo.

En 1962 fundó, junto a Alejandro Jodorowsky y Roland Topor, el movimiento Pánico, una corriente de vanguardia que tomaba su nombre del dios Pan y mezclaba humor, terror y azar como respuesta a un surrealismo que consideraban agotado. Esa posición de centro de gravedad de la vanguardia le permitió tratar de tú a tú a Dalí, Picasso o Miró. De aquellas amistades quedaron las obras que hoy cuelgan de sus paredes.

Un legado que mira a Francia

El destino de esa colección ha estado marcado por una herida que el propio Arrabal nunca ha ocultado. Cuando se le ha preguntado por su patrimonio, su respuesta ha sido tan clara como agridulce: piensa dejárselo a Francia porque, asegura, España no se ha interesado por él. "Quería dejárselo a España, es cierto, pero España no responde", ha llegado a lamentar.

No es una decisión tomada con rencor, sino con resignación. Francia —el país que lo acogió hace siete décadas, cuando salió de la España franquista en busca de libertad— sería así la depositaria de un conjunto que por origen y espíritu muchos verían regresar a casa. Aun así, queda algún resquicio: parte de sus documentos y enseres podría acabar en España, en lugares ligados a su biografía.

Broncano, en el estudio de un genio

La cuestión volvió a la actualidad cuando La Revuelta, de TVE, se desplazó hasta París para entrevistar a Arrabal en su propio hogar, en lo que supuso la primera salida del programa de su escenario habitual. Las cámaras mostraron una casa abarrotada de historia, donde una obra original de Dalí convive con recuerdos personales y vestigios de toda una vida dedicada al arte. "Eres un tesoro", le dijo David Broncano. Y no exageraba.

Una pregunta incómoda para España

A sus 93 años, Arrabal conserva intacta la lucidez y la capacidad de provocar. La suerte de su colección plantea una cuestión tan incómoda como necesaria sobre el cuidado del talento y el patrimonio cultural: cuántos legados ha dejado escapar España por no responder a tiempo. Las obras que Dalí, Picasso, Miró y Botero regalaron a Arrabal son mucho más que pinturas; son el testimonio de una época irrepetible y de unas amistades que ayudaron a moldear la cultura del siglo XX.