Las dunas, una defensa natural que se desgasta
Las dunas litorales de Mallorca no son simples montones de arena: son ecosistemas vivos que protegen la costa de la erosión, retienen sedimento gracias a una vegetación especializada y dan refugio a insectos, reptiles y aves. Enclaves como Es Trenc o Cala Mesquida figuran entre los sistemas dunares más valiosos de las islas, según recoge elDiario.es.
El problema es que esa defensa natural se está desgastando. El turismo masivo provoca el pisoteo de la vegetación, la fragmentación del hábitat y la presión de las infraestructuras, mientras el cambio climático añade la subida del nivel del mar y unos temporales más intensos que erosionan las dunas sin dejarles espacio para retroceder y regenerarse.
Una abeja única en el mundo
La degradación de las dunas arrastra consigo a las especies que dependen de ellas. Una de las más vulnerables es la Dufourea balearica, una abeja silvestre endémica de Baleares descrita por la ciencia en 2015, según explicó Última Hora. No es una abeja de colmena: es un insecto solitario, que anida por su cuenta y que está especializado en la flora de dunas y zonas húmedas.
Su distribución es diminuta —apenas unos kilómetros cuadrados en torno a la zona de Capdepera y Cala Mesquida—, lo que la hace extremadamente sensible a cualquier alteración de su entorno. Si desaparecen las dunas, desaparece su casa.
Un vínculo que funciona en los dos sentidos
La relación entre la abeja y las plantas de la duna es de doble dirección. La Dufourea balearica poliniza flora dunar que, a su vez, necesita de esos polinizadores para reproducirse. Romper ese equilibrio, advierten los especialistas, puede desencadenar un efecto en cascada: menos abejas, menos reproducción de las plantas, dunas más frágiles.
Restaurar imitando a la naturaleza
Frente a este deterioro, los investigadores apuestan por estrategias de restauración que reproduzcan el funcionamiento natural de las dunas: limitar el pisoteo, retirar infraestructuras invasoras y recuperar la vegetación autóctona. Son medidas que exigen espacio y tiempo, reconocen, pero se plantean como la vía para preservar a la vez el ecosistema y a especies tan singulares como esta abeja. La conservación de las dunas mallorquinas se juega, en el fondo, entre el modelo turístico y la protección de un patrimonio natural difícil de recuperar una vez perdido.



