Un Mundial para quien pueda pagarlo

El Mundial 2026 que se disputa en Estados Unidos, Canadá y México no se parece a los anteriores para el aficionado europeo. La combinación de entradas carísimas, vuelos transatlánticos y alojamiento disparado ha convertido la aventura de seguir a la selección en un lujo. Los cálculos que circulan estos días hablan de que acompañar a La Roja hasta el final del torneo podría costar decenas de miles de euros —algunos estudios elevan la cifra por encima de los 50.000— por persona, según Infobae. El resultado es que muchos seguidores se conforman con un solo partido o directamente renuncian a viajar.

La novedad que enfada: los precios dinámicos

La gran polémica está en las entradas. Por primera vez, la FIFA ha aplicado en su venta oficial los precios dinámicos, el mismo mecanismo de los vuelos y los conciertos: el precio sube cuando crece la demanda. El sistema ha disparado el coste de las localidades más codiciadas —el de la final llegó a multiplicarse en cuestión de meses— y ha generado malestar y confusión entre los compradores. La controversia ha escalado tanto que las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey han abierto una investigación sobre estas prácticas de venta, como recoge NPR.

La geografía, otro peaje

El formato tampoco ayuda. Con 48 selecciones y más de un centenar de partidos repartidos por tres países y ciudades muy alejadas entre sí, seguir a un equipo obliga a encadenar vuelos internos largos y caros. Cada desplazamiento suma hotel, transporte y comidas a precios de temporada alta. Para un aficionado que venga desde España, ver dos partidos de su selección puede implicar cruzar el continente norteamericano de punta a punta.

El contraste con el pasado

La sensación de agravio crece al mirar atrás. En citas recientes, un seguidor podía planificar varias semanas de viaje y varios partidos con un presupuesto razonable. Ahora, ese mismo aficionado hace números y decide quedarse en casa: ver los partidos por televisión, organizar quedadas con amigos o seguir a la selección desde la distancia. El fútbol, que presume de universal, levanta fuera del campo una barrera económica que este verano deja a muchos aficionados españoles como espectadores a miles de kilómetros de los estadios.