El lince ibérico (Lynx pardinus) fue durante años el sinónimo de catástrofe ambiental en España: el felino más amenazado del planeta, condenado, según muchos pronósticos, a desaparecer. Dos décadas después, su historia se ha convertido en justo lo contrario, un manual de cómo revertir una extinción. En junio de 2024, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) rebajó oficialmente su nivel de amenaza, un hito que la propia organización vinculó a la mayor recuperación de una especie de felino lograda mediante la conservación.
Al borde del abismo
A comienzos de los años 2000 la situación era desesperada. La población, crítica, se repartía únicamente en dos núcleos aislados de Andalucía: Doñana y Sierra Morena. La UICN llegó a contabilizar apenas 62 ejemplares maduros en 2001, y la especie fue clasificada entonces como "En Peligro", al filo de la desaparición en libertad.
Las causas eran un cóctel conocido: la pérdida y fragmentación del monte mediterráneo, los atropellos, la persecución directa y, sobre todo, el desplome de su presa casi exclusiva, el conejo de monte, diezmado por enfermedades víricas. Sin conejos, no hay linces.
La maquinaria de la recuperación
La respuesta combinó varias estrategias a la vez. La pieza central fue el programa de cría en cautividad, iniciado en 2003. El 28 de marzo de 2005, en el centro de El Acebuche (Huelva), la hembra Saliega parió la primera camada nacida en cautividad, un punto de inflexión en la lucha por la especie. Aquellos centros se convirtieron en una reserva genética y en una fábrica de ejemplares para reforzar el medio natural.
Desde las primeras sueltas en 2011 y hasta 2024, centenares de individuos han sido reintroducidos en zonas seleccionadas de España y Portugal con financiación de los sucesivos proyectos europeos LIFE, hoy agrupados en LIFE LynxConnect. A la cría se sumó la restauración del hábitat, la recuperación de las poblaciones de conejo, la creación de corredores que conectan núcleos antes aislados y los acuerdos con propietarios y cazadores.
Más de 2.400 ejemplares y una nueva categoría
El resultado es contundente. Según el censo de 2024 publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), la población alcanzó un récord de 2.401 ejemplares censados, 2.047 en España y 354 en Portugal, un 19% más que el año anterior. Castilla-La Mancha se ha convertido en la comunidad con más linces, por delante de Andalucía, seguidas de Extremadura y la Región de Murcia.
Sobre esa base, la UICN reclasificó en 2024 al lince ibérico de "En Peligro" a "Vulnerable". La especie ha multiplicado su población de forma espectacular respecto a los mínimos de hace veinte años, y su área de distribución se ha expandido enormemente desde aquellos dos últimos reductos andaluces.
Lo que aún puede torcerse
La rebaja de categoría no significa que el peligro haya pasado. La amenaza más estructural sigue siendo la fragilidad del conejo. Una variante de la enfermedad hemorrágica vírica (RHDV) provocó fuertes caídas en las poblaciones de conejo en zonas como Doñana, y la UICN advierte de que nuevos brotes podrían frenar la recuperación.
Los atropellos son la otra gran sangría: en 2024 se detectaron 214 muertes de linces, la mayoría por atropello en carretera, un riesgo que crece a medida que los animales se dispersan hacia nuevos territorios. Y persiste el reto de la conectividad y la diversidad genética, especialmente en el icónico núcleo de Doñana, que hoy representa una fracción menor de la población total.
La lección, según los responsables del programa, es que el éxito depende de mantener el esfuerzo: el resultado de una colaboración sostenida entre administraciones, ciencia, ONG y comunidades locales que no puede detenerse sin arriesgar lo conseguido.



