Si en una comida familiar oye que su sobrino tiene mucho rizz, que su prima ha ghosteado a alguien o que cierta escena dio mucho cringe, no está perdiendo la cabeza: está asistiendo en directo a la mayor renovación del castellano coloquial en décadas. La generación Z, criada entre pantallas, ha construido un dialecto propio a base de anglicismos, abreviaturas y guiños a los videojuegos. Y, a diferencia de modas pasadas, este léxico salta del móvil a la calle a velocidad de vértigo.

Carisma, ligues y desplantes

Empecemos por la estrella: rizz. Es la habilidad para coquetear, el magnetismo para conquistar a alguien; procede de charisma y se popularizó tanto que el diccionario de Oxford lo eligió palabra del año en 2023. «No es guapo, pero tiene un rizz de sobra» sería el ejemplo perfecto.

Emparentado anda crush, que las generaciones anteriores ya conocían: ese amor platónico o persona que nos atrae sin remedio. El reverso amargo lo pone ghostear, del inglés ghost (fantasma): desaparecer de golpe de la vida de alguien, dejar de contestar sin dar ninguna explicación, algo habitual en el mundo de las citas digitales.

Cuando algo da 'cringe'

La palabra cringe describe la vergüenza ajena, esa incomodidad que produce ver a otro hacer el ridículo. La propia RAE ha señalado que en español puede traducirse por vergüenza ajena, grima o dentera, aunque entre los jóvenes su uso se ha ampliado a cualquier cosa que resulte exagerada o incómoda.

De la mano viene random, que sirve para lo inesperado, arbitrario o fuera de lugar: «apareció un tío random y se puso a cantar». Y NPC, siglas de non-playable character (personaje no jugable de los videojuegos), que se usa para alguien que actúa de forma automática, previsible o sin personalidad, como un figurante del decorado.

El videojuego invade la vida real

Quizá la metáfora más curiosa sea la del aura. Funciona como un marcador invisible de prestigio o carisma, casi un sistema de puntos: una jugada brillante suma «puntos de aura», mientras que un tropiezo embarazoso te los resta. De ahí la expresión farmear aura, es decir, acumular reputación, que figuró entre las palabras favoritas de los adolescentes recopiladas en los últimos rankings juveniles.

En la misma órbita está sigma: el supuesto hombre seguro de sí mismo, independiente y «lobo solitario» que, en la mitología de internet, ha trascendido las etiquetas de alfa y beta. El término circula muchas veces con sorna o ironía.

Vivir en modo 'delulu'

Mención aparte merece delulu, deformación cariñosa de delusional (delirante, iluso). Designa a quien fantasea con cosas casi imposibles, aunque ha derivado en una especie de filosofía optimista resumida en el lema delulu is the solulu: creer ciegamente en tus deseos como motor para lograrlos. En la misma línea, bro está sustituyendo al castizo tío como muletilla y forma de dirigirse a los amigos.

¿Empobrecimiento o creatividad?

Los puristas se llevan las manos a la cabeza, pero los lingüistas invitan a la calma: cada generación ha tenido su jerga, del guay ochentero al molar de los noventa. Lo nuevo es la velocidad, marcada por las redes, y el origen global y gamer de los términos. Conviene, eso sí, distinguir registros: el argot funciona entre iguales, pero la Fundéu y la RAE recuerdan que el español ya dispone de alternativas para casi todo. Mientras tanto, el diccionario juvenil seguirá mutando: para cuando usted domine delulu, los adolescentes ya estarán en otra cosa. Y eso, reconozcámoslo, tiene su aura.