El Museo Reina Sofía ha reabierto su sede en el parque del Retiro, el Palacio de Velázquez, tras una rehabilitación, y lo ha hecho con un título que invoca una de las joyas más viajeras de la historia: La perla peregrina, la gran retrospectiva del artista madrileño Fernando Sánchez Castillo, comisariada por Ferran Barenblit, con más de 200 obras sobre el poder, la memoria y la desobediencia. ¿Por qué una perla del siglo XVI presta su nombre a un conjunto de arte contemporáneo?

Una joya que cruzó océanos y siglos

La Peregrina fue hallada a comienzos del siglo XVI en el golfo de Panamá, en las islas de las Perlas, por un esclavo cuyo nombre la historia nunca registró. Esa identidad perdida es, precisamente, lo que fascina a Sánchez Castillo: la joya se convirtió en símbolo de la Monarquía Hispánica mientras su descubridor quedaba borrado del relato.

La perla llegó a manos de Felipe II, que la incorporó a las joyas de la Corona. Durante más de dos siglos lució en el pecho de las reinas españolas: Isabel de Borbón y Mariana de Austria fueron retratadas con ella por Diego Velázquez, según documentan los propios lienzos del pintor. Su forma de lágrima y su tamaño excepcional —cercano a los 56 quilates— la convirtieron en una pieza única.

La huida con José Bonaparte

El largo arraigo español se rompió con las guerras napoleónicas. Cuando José Bonaparte abandonó España en 1808, tras la derrota de Vitoria, se llevó consigo joyas de la Corona, entre ellas La Peregrina. De ahí su nombre: la peregrina, la viajera o errante. La legó a su sobrino, el futuro Napoleón III, quien acabó vendiéndola al duque de Abercorn.

De la subasta al cuello de una estrella

En 1969, la familia Hamilton la sacó a subasta en Sotheby's de Londres. El actor Richard Burton la compró por unos 37.000 dólares y se la regaló a su esposa, Elizabeth Taylor, que encargó a Cartier una espectacular gargantilla con La Peregrina como pieza central. (Circula la idea, atribuida al propio Burton, de que la joya había pertenecido a María Tudor de Inglaterra; los especialistas lo consideran una confusión con otra perla distinta, La Pelegrina, por lo que ese extremo debe tomarse con cautela.)

Tras la muerte de Taylor, La Peregrina volvió al mercado en diciembre de 2011 en Christie's de Nueva York. Estimada en torno a tres millones de dólares, alcanzó los 11.842.500 dólares, un récord mundial para una perla en subasta, según recopila The Jewellery Editor.

La perla como metáfora

Sánchez Castillo no expone la joya —hoy en manos privadas—, sino su carga simbólica. Para el artista, la perla nace de una irritación: el molusco recubre un grano de arena hasta transformarlo en belleza, igual que el arte transforma el conflicto. No en vano, los portugueses llamaban barrocas a las perlas irregulares, origen del término barroco.

Bajo ese paraguas, el palacio se convierte en una metáfora que alberga obras sobre el poder y su desmontaje, desde el yate Azor de Franco compactado en bloques de metal hasta piezas sobre la memoria de los anónimos. La perla peregrina, errante entre coronas y manos célebres, se ofrece así como espejo de las historias que el poder cuenta y de las que decide olvidar. La exposición puede visitarse hasta el 8 de marzo de 2027.