Un templo en miniatura tallado en la piedra

Entre los frentes de extracción de una cantera romana de la provincia de Cuenca ha aparecido un hallazgo singular: una aedicula, es decir, una pequeña hornacina o templete labrado directamente en la roca, que albergaba la imagen de la diosa Minerva. El descubrimiento, adelantado por elDiario.es, se localiza en el entorno de Carrascosa del Campo, en el municipio de Campos del Paraíso, no lejos de la antigua ciudad romana de Segóbriga.

La pieza es de dimensiones modestas —en torno a medio metro—, pero conserva elementos arquitectónicos reconocibles: un frontón y un nicho central donde se esculpió a la divinidad. Según las descripciones difundidas, la diosa aparece de pie, armada con lanza y escudo y acompañada de un mochuelo, atributo tradicional de Minerva como símbolo de la sabiduría.

Por qué se interpreta como un santuario de Minerva

La atribución se apoya, según el equipo, en la combinación del relieve y de una inscripción votiva en latín que invoca a la diosa. Las fuentes consultadas reproducen el texto con variantes —una fórmula del tipo «A la Señora Minerva»— y mencionan como promotor a un personaje de rango elevado que habría costeado el monumento. Conviene subrayar que la lectura exacta de la inscripción y el nombre del dedicante difieren entre las distintas informaciones, por lo que el detalle epigráfico debe tomarse con cautela hasta consultar la publicación científica, recogida en la revista especializada Mantva.

Una datación todavía en discusión

La cronología no es unánime. Parte de la cobertura sitúa el santuario en el siglo III, una datación que se sustentaría en el tipo de letra y en la técnica de la inscripción; otras fuentes lo fechan a finales del siglo II d. C.. También la autoría de los trabajos aparece de forma distinta según el medio. Son discrepancias habituales en un hallazgo recién difundido que deberán aclararse con la lectura del estudio académico, como matiza la información de Las Noticias de Cuenca.

El contexto: el cristal de Hispania

El yacimiento se enmarca en una de las grandes zonas mineras de la Hispania romana, dedicada a la extracción de lapis specularis, el yeso cristalizado translúcido que se empleaba como vidrio para ventanas en todo el Imperio. El santuario refuerza una idea que los investigadores vienen defendiendo: las canteras no eran solo espacios de trabajo, sino también lugares con vida social y religiosa propia, donde los operarios rendían culto y buscaban protección divina para una labor dura y peligrosa.

Si la interpretación se confirma —y así lo subraya también la difusión internacional del hallazgo recogida por Ancient Origins—, se trataría del primer templo o santuario consagrado específicamente a Minerva localizado en territorio español: existen otros lugares de culto en canteras romanas, pero ninguno hasta ahora identificado con esta divinidad en Hispania.