El arte británico ha despedido a uno de sus nombres mayores. David Hockney, el pintor que convirtió las piscinas de California y los paisajes de su Yorkshire natal en iconos del siglo XX, falleció el 11 de junio en su domicilio de Londres a los 88 años, según informó la prensa británica. Su despedida, en consonancia con la sobriedad que pidió, fue cualquier cosa menos espectacular.
Un funeral a contracorriente de su fama
Frente a la enorme dimensión pública de su figura, el funeral de Hockney se celebró de manera estrictamente privada. Según los medios británicos, solo asistieron su pareja, Jean-Pierre Gonçalves de Lima, y su sobrino nieto Richard. Está previsto que su vida se celebre con actos de homenaje a lo largo del próximo año, posiblemente en varios lugares, entre ellos la abadía de Westminster, conforme a los deseos del artista.
La discreción del adiós contrasta con la luz, el color y la exuberancia que definieron toda su obra. Quien pintó la alegría del agua y del sol se despidió en silencio.
De Bradford a las piscinas de Los Ángeles
Nacido el 9 de julio de 1937 en Bradford, en el condado de Yorkshire, Hockney se formó en el Royal College of Art de Londres a comienzos de los años sesenta. Pronto se reveló como un artista a contracorriente: defendió una figuración vívida y estilizada en una época dominada por la abstracción.
El giro decisivo llegó cuando se trasladó a California. La luz, el estilo de vida y, sobre todo, las piscinas californianas inspiraron algunas de sus obras más reconocibles. De aquella etapa nacen A Bigger Splash (1967), Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) (1972) o el célebre doble retrato Mr. and Mrs. Clark and Percy (1970-71), hoy en la colección de la Tate.
Hockney nunca dejó de reinventarse. Exploró el fotocollage, regresó a los grandes paisajes al aire libre de su Yorkshire natal y abrazó con entusiasmo el dibujo digital en iPad, demostrando que la vanguardia no tiene edad. Diseñó además escenografías para óperas y, en 2012, recibió la Orden del Mérito, uno de los mayores honores británicos.
Un país y un rey de luto
La noticia provocó una oleada de tributos. El rey Carlos III lo definió como "un gigante del mundo del arte y la pintura", "un hombre de Yorkshire de los pies a la cabeza" y "un querido amigo e inspiración para tantos". Desde el mundo del arte y la política se sucedieron los mensajes de pesar por la pérdida de uno de los creadores británicos más celebrados de las últimas décadas.
Deja tras de sí un cuerpo de obra marcado por la reinvención constante y una capacidad inigualable para capturar la luz, el agua y la vida cotidiana. El funeral fue discreto; el legado, todo lo contrario.



