Unas 1.300 muertes vinculadas al calor

La ola de calor que recorre Europa estos días deja ya un balance humano alarmante: en torno a 1.300 muertes asociadas a las altas temperaturas en el continente, según la estimación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recogida por la BBC. Conviene precisar que se trata de una estimación de «muertes en exceso» —la diferencia entre las defunciones registradas y las que cabría esperar en un periodo normal—, y no de un recuento individual de fallecidos por golpe de calor. El calor rara vez figura como causa directa en los certificados, pero agrava dolencias cardiacas, respiratorias y renales, sobre todo en personas mayores y enfermos crónicos.

Alemania, en cifras de récord

El episodio ha venido acompañado de marcas históricas. Alemania ha registrado un máximo de 41,7 grados, según los servicios meteorológicos del país, un valor extremo para su clima. No es un caso aislado: varios países han batido o rozado sus récords de temperatura para estas fechas, con avisos de máximo nivel en amplias zonas del continente y noches tropicales en las que el termómetro apenas baja, lo que impide al organismo recuperarse del calor diurno.

La firma del cambio climático

Como en episodios anteriores, los especialistas en atribución climática insisten en el diagnóstico de fondo: el calentamiento global de origen humano, ligado a la quema de combustibles fósiles, ha hecho que estas olas de calor sean más frecuentes, más intensas y más letales. Lo que hace unas décadas era excepcional empieza a ser la norma de los veranos europeos, y los estudios de los últimos años calculan que una buena parte de las muertes por calor no se habrían producido sin ese calentamiento.

Cómo protegerse

Las autoridades sanitarias repiten las recomendaciones de siempre, que salvan vidas: hidratarse con frecuencia, evitar el ejercicio y la exposición al sol en las horas centrales del día, buscar espacios frescos y, sobre todo, vigilar a las personas vulnerables —mayores que viven solas, bebés, enfermos crónicos—. Muchas ciudades han habilitado centros climatizados y refuerzan la atención a la población de riesgo. Frente a un fenómeno que se repite cada verano con más virulencia, la prevención es la primera línea de defensa.