De TikTok a la cafetería de la esquina
Empezó como una rareza de gimnasio —echar proteína en polvo al café— y se ha convertido en una categoría de mercado en plena ebullición. Lo que circulaba por las redes sociales ha llegado a las grandes cadenas: Starbucks y otras marcas ya venden cafés con proteína, según CNBC. Y el fenómeno va mucho más allá del café.
Qué son las bebidas 'funcionales'
Se llaman bebidas funcionales todas aquellas que prometen un beneficio extra más allá de refrescar: aportar proteínas, cuidar la flora intestinal (con prebióticos), dar energía o ayudar a manejar el estrés (con los llamados adaptógenos, como el ginseng). Los lineales de supermercados y cafeterías se llenan de café proteico, sodas con prebióticos o refrescos con CBD, y su gran ventaja comercial es la comodidad: están listos para beber y prometen cumplir un objetivo de salud de un solo trago, algo que atrae sobre todo al público joven, muy volcado en el bienestar.
Un negocio en plena expansión
No es una moda menor. El mercado de las bebidas funcionales mueve cientos de miles de millones a escala global y las previsiones apuntan a que siga creciendo con fuerza en los próximos años, según las estimaciones del sector que cita la prensa especializada. Donde hay demanda, hay marcas dispuestas a satisfacerla —y a ponerle un sobreprecio al adjetivo «saludable»—.
La letra pequeña
Conviene, eso sí, una dosis de sentido crítico. No todo lo «funcional» tiene el mismo respaldo científico. Los prebióticos y probióticos cuentan con evidencia razonable sobre la salud digestiva, pero los adaptógenos se apoyan en estudios aún limitados, muchos en animales o en grupos pequeños. Un café con proteína no sustituye a una comida equilibrada, y etiquetas como «detox» o «energía natural» suelen prometer más de lo que la ciencia sostiene. La recomendación es sencilla: leer el etiquetado, fijarse en el azúcar y desconfiar de los mensajes milagrosos. El bienestar, al final, no se embotella: se construye con hábitos.



