España, a la cabeza de Europa
España es el país europeo que más dinero ha movilizado para amortiguar el impacto económico de la guerra en Oriente Próximo, según un análisis del think tank Bruegel difundido por El País. El Gobierno aprobó en marzo un plan que moviliza unos 5.000 millones de euros en torno a 80 medidas, pensadas para llegar a unos 20 millones de hogares y a 3 millones de empresas, como recogió en su día La Moncloa.
El doble de esfuerzo, en relación al PIB
La comparación europea es la que llama la atención. Según Bruegel, las medidas españolas equivalen a cerca de la mitad de todas las ayudas desplegadas por una docena de países de la UE, y triplican las de Alemania (en torno a 1.600 millones). En términos relativos, España gasta alrededor del 0,3% de su PIB, el porcentaje más alto del continente, según el análisis que reproduce elDiario.es. Otros socios europeos se han quedado muy por debajo.
¿En qué se gasta ese dinero?
El grueso del plan se dirige a la factura energética. Incluye rebajas de impuestos —el IVA de la electricidad baja del 21% al 10% y se recorta con fuerza el impuesto especial eléctrico—, además de ayudas para amortiguar el precio de los carburantes. A ello se suman un escudo social (bono social reforzado para los hogares vulnerables, garantía de suministro) y compensaciones a sectores muy expuestos al coste de la energía, como el transporte, la agricultura o la pesca.
Por qué España es tan sensible
La explicación está en la dependencia energética. España importa buena parte de la energía que consume y está muy expuesta a las sacudidas del precio del gas y del petróleo que provoca un conflicto en una región clave para el suministro mundial. Cuando esos precios se disparan, arrastran a la inflación y golpean el bolsillo de los hogares; de ahí que el Gobierno haya optado por una respuesta fiscal intensa para contener el golpe.
La factura, en el horizonte
Esa generosidad tiene contrapartida. Las ayudas presionan las cuentas públicas —algunos análisis advierten de su efecto sobre el déficit— y desde Bruselas se recuerda que estos escudos deberían ser temporales y no prolongarse de forma indefinida, para no distorsionar el mercado ni retrasar ajustes. El gran condicionante, en todo caso, es la propia guerra: cuanto antes se estabilice, antes podrá España retirar unas medidas que, por ahora, la sitúan a la cabeza del esfuerzo europeo.



